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martes, 14 de abril de 2020

El dolor de Rafael Soriano Olivares por la muerte de su madre, Nuria Soriano, consumida por el virus.

     La inmensa pena de un hijo ante la muerte de su madre, ocurrida en el Hospital de Almansa el pasado domingo a la edad de 87 años.... y, lo más triste, no poderle dar un entierro digno, queda perfectamente reflejado en los siguientes renglones escritos, con mucho dolor, por Rafa:

  "Cielo tapado… cementerio gris… ánimo triste… el amable párroco, pertrechado, como todos nosotros, con mascarilla y guantes, diciendo unas palabras de consuelo al viento… agradezco su esfuerzo e interés, pero un día más, sigo sin entender del todo a su “Jefe”… un responso que pretendía ser consolador… y el cura, los dos hombres de la funeraria, mi querida prima, mi amada esposa y yo… parecíamos un dibujo de casi cualquier cuento de Dickens, sólo faltaba la lluvia y algún cuervo.

    Luego, dos enterradores han hecho su trabajo, han metido a mi madre en un nicho nuevo, lo han tapado y cada mochuelo a su olivo… triste… espantosamente triste por lo cruel y abstracto de las circunstancias que nos ha tocado vivir.

    Luego, en casa cien llamadas, casi todas sinceras y algunas hasta más abstractas que el propio entierro “…que si la han puesto en una fila de nichos que esté bien…”, “…que si será cómodo llevarle y dejarle flores…”, “…que si desde ahí tendrá buenas vistas…” en fin… cosas del pueblo. 

     Y lo más doloroso, es que algunas de las personas que me han llamado lamentándose de no poder ir al tanatorio, porque el COVID-19 los ha cerrado, y tampoco a la misa o al entierro, no fueron nunca o muy poquitas veces a la residencia a verla, a hacerle compañía, a charlar cuando estaba viva… hasta en la muerte hay hipocresía y un falso sentimiento de apoyo moral.

    Pero quiero dar las gracias a mi mujer Ana y a mis tres hijos Fran, Álex y Víctor, especialmente a mi mujer que es mi hogar, mi amiga, mi princesa y mi gran apoyo en estos momentos. Darles un beso a mis hermanas que no las han “dejado venir” y a los amigos y familiares que se, que todo lo que me han escrito o dicho, ha sido “empastado” desde el fondo de sus corazones.


A mi madre… que su mirada, su carácter, su voz y sus manos… han desaparecido consumidos por el virus.

Gracias a todos, un beso y cuidaros mucho.

DESCANSE EN PAZ  NURIA