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miércoles, 22 de abril de 2020

La Justicia más justa", por Óscar de Caso. "No solo hay que aplicar Justicia. Los ciudadanos deben percibir que se hace".

          En el desarrollo de esta nueva sociedad en la que los conflictos globales y las agresiones a los Derechos Humanos, son una realidad, el Poder Judicial no puede eludir su responsabilidad, deben de ser conscientes del papel capital que asumen como árbitros de los conflictos que se suscitan en la sociedad.

          Para conseguir unos resultados satisfactorios, se necesita que trabajen como profesionales dinámicos, de firmes convicciones democráticas, informados, contaminados de sociedad, mezclados con ella para comprender el alcance real de los problemas y de esta forma asumirlos como propios para poder resolverlos.

   Su compromiso con la sociedad a la que sirven y a la que deben defender hasta los límites marcados por la Ley, sea cual sea el poder de aquel al que se enfrenten, dará la medida de su responsabilidad y eficacia. En una democracia, el Poder Judicial y quienes administran justicia no pueden ser simples medidores de normas. Su acción deberá ser esencial en el equilibrio con los demás poderes, pero sin sustituirlos o invadir su territorio.

          A la Justicia, más allá de las meras y frías estadísticas, hay que dotarla de alma, sentimientos, entrega y vocación en defensa de las víctimas, para que conduzca a estas del miedo a la esperanza. Así mismo, están obligados de hacer comprensible y próxima su labor. La credibilidad no se gana con el ingreso en la Carrera Judicial o Fiscal, sino con el firme compromiso democrático de administrar justicia día a día, y con la realización de ese compromiso.

          Cuando los Jueces o los sistemas judiciales son o están demasiado próximos al poder político, malogran la objetividad y el equilibrio que deben mantener a la hora de administrar justicia y puedan perder la perspectiva básica de que la Administración de Justicia es un servicio público del que los ciudadanos disponen para la defensa de sus derechos básicos.
       
           Repito que la credibilidad no se gana con el ingreso en la Carrera Judicial o Fiscal, sino con el firme compromiso democrático de administrar justicia día a día, y con la realización de ese compromiso. Se requiere, además un Poder Judicial verdaderamente independiente y responsable, con una visión progresista y ultraprotectora de las víctimas, frente a los abusos de los poderosos y de quienes transgreden las normas que nos protegen. No solo hay que aplicar  Justicia, los ciudadanos deben percibir que se hace.

          Transcurre el 2006 y Joan Manuel Serrat edita el disco “Mô” (Mahón), dedicado a la isla de Menorca, donde pasa largas temporadas. Dentro de este disco se halla la canción de hoy “Perdut en la ciutat” (Perdido en la ciudad). En ella evoca la historia de una separación amorosa, la huida del campo a la ciudad en busca del mar, la sensación de vacío, de desencuentro que el mundo llega a tener para las personas que en él habitan.


Dejaste la masía sin despedirte de nadie
y desde entonces nunca más hemos sabido de ti,
Me dijo la mujer
del de la almazara,
que por Barcelona
vas tirando.
Y bajé a buscarte
cansado de esperarte
y de escribir cartas
al viento.

Infructuosamente busco tus ojos azules por todas partes.
De revolver la ciudad, termino con dolor de pies.
No sé, te lo puedes creer,
si caminar o sentarme,
Por más que quiero verte
no te veo.
A los de montaña
la ciudad extraña,
nos causa migraña
y mareo.

Eh...
Soy yo.
¿No me oyes...?
Perdido en la ciudad,
solo quiero saber si estás bien.
Si te gusta el mar.

Eh...
Soy yo.
¿No me oyes...?
¿Qué hago con el gato
que con las prisas te dejaste,
como a mí, olvidado?

Echo a volar palomas mensajeras pero pierden el rumbo.
Enciendo una hoguera en la azotea y hago señales de humo,
pero una vez el viento
mezcla el lenguaje
y esparce el mensaje
por el cielo,
cruel la fortuna
sopla y se ríe, de una
rescatada luna
de miel.

Lleno una botella con versos de amor y duelo por ti
y la lanzo al mar rogando ayuda a Neptuno,
pero una ola fiera
la estrella con empeño
contra la escollera
del muelle
y veo como naufraga,
otra vez,
la esperanza equivocada
del loco.

Eh...
Soy yo.
¿No me oyes...?
Perdido en la ciudad,
solo quiero saber si estás bien.
Si te gusta el mar.

Eh...
Soy yo.
¿No me oyes...?
¿Qué hago con el gato
que con las prisas te dejaste,
como a mí, olvidado?

Mañana por la mañana, vencidos, volveremos el gato y yo
donde las gallinas no ponen y los geranios no dan flor.
Donde sin alegría
me encuentran los días
mirando la vía
del tren.
Me duele, en el bolsillo,
la foto, tan bonita,
de ti, yo, la vaca
y el niño.

Eh...
Soy yo.
¿No me oyes...?
¿No me oyes...?

jueves, 19 de marzo de 2020

"La nueva figura: los Alertadores", por Óscar de Caso. "La libertad de expresión e información es de suma importancia en cualquier sociedad democrática".

          El Comité de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha declarado que la libertad de expresión y de información es de suma importancia en cualquier sociedad democrática. En términos generales, hay una clara tendencia por parte de los gobiernos a limitarlos.

          Este sistema de limitación de las libertades en favor de la seguridad, además de contradecir la Constitución de que jamás debería producirse esa inversión de poderes porque ello significaría la  negación del propio sistema democrático, es sin duda, el más dañino, porque intenta respaldar con la supuesta protección de la seguridad nacional la intromisión sistemática en los derechos y libertades de los ciudadanos.

      De nuevo se repite la historia tantas veces ensayada de que la seguridad es una especie de “cajón de sastre” en el que todo vale y nada se justifica, ni se explica, y si por casualidad se contradice ese postulado, se acusa a quien lo hace de traidor.

          Los denominados alertadores o whisteblowers (personas que, en su ejercicio de libertad de expresión e información denuncian prácticas abusivas o ilegales provenientes, en este caso, de un Gobierno, con el propósito de informar de la existencia de las mismas) que denuncian la existencia de esos programas se convierten en objetivo prioritario, y se procede contra ellos y contra el medio de comunicación que divulgó dicha información.

          Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, no se ha ido por el camino de la sanción de los hechos ilícitos o ilegales que se han descubierto, sino por el de la justificación y la razón de Estado que los facilitó, o por el de la imputación de conductas criminales gravísimas a los alertadores. 

    El fenómeno de los whisteblowers va anejo a la evolución de la globalización de la información y a los nuevos paradigmas que la Red está consolidando.

          En esta guerra contra los whisteblowers que, bajo la excusa de proteger esa seguridad nacional, desencadenó el Gobierno de EE. UU., lo que realmente se persigue como objetivo último no es tanto proteger al Estado, sino inmunizarlo del escrutinio público, permitiéndole actuar con toda impunidad y limitación de los derechos más elementales de su pueblo.

          Así las cosas, cabe preguntarse: ¿acaso también estamos ante una guerra contra la libertad de expresión y de información? ¿Nos encontramos ante una persecución del periodismo y de los periodistas por motivos políticos? Si la actuación se dirige exclusivamente contra el señor Assange o el señor Snowden, quedaría confirmado en estos casos, que se les persigue por motivos claramente políticos. 

La guerra contra el terrorismo no puede legitimar, en modo alguno, el procesamiento de aquellos que denuncian prácticas ilegales o irregulares llevadas a cabo por parte de las autoridades que gobiernan; como tampoco puede legitimar políticas de vigilancia a periodistas o medios de comunicación. Ni mucho menos su procesamiento penal por presunta colaboración con el enemigo.
          La información es poder, su restricción también.

POSDATA.- Este escrito refleja la aptitud y el criterio del señor Baltasar Garzón.
          En la canción del escrito de hoy titulada “Quasi una dona” (Casi una mujer), se vuelven a quebrantar los convencionalismos sociales y ahonda con sensibilidad en las relaciones de amor con una adolescente. 

Es de nuevo en la vertiente amorosa donde Serrat se nos revela temáticamente audaz (para los tiempos (para los tiempos de entonces) de entonces, profundizando en las relaciones de pareja con una sensibilidad nueva, al margen de la moral establecida. La canción data de 1970 en el disco “Serrat 4”
Tiene el pelo largo y limpio de color trigo maduro

Y el olor del pan blanco cuando sale del horno.

Y tiene los ojos azules,
La piel suave
y el pecho duro.
Aunque lleva calcetines ...
Aunque lleva calcetines ...

Es casi una mujer,
que me mira casi como una mujer,
me escucha casi como una mujer,
y vibra casi como una mujer,
como una mujer que te quiere
como nadie
Y por la mañana abre sus ojos contigo.
como un calidoscopio de cristales pequeños
cambia de dibujo y de color.
Si en la cuna
luce el sol
o ha llovido.
Y llena mi mundo de flores ...
Y llena mi mundo de flores ...

Es casi una mujer,
me engaña casi como una mujer, 
y juega casi como una mujer,
como una mujer que te quiere
como nadie
Y por la mañana abre sus ojos contigo.

Me gusta acariciarla, porque me limpia el corazón.
Quiero ser maestro de amor como Salvat.
Y a mis rodillas,
dormir su cuello
delgado y fuerte.
No importa si es pecado ...
No importa si es pecado ...

Es casi una mujer ,
sueña casi como una mujer.
Ama casi como una mujer.
Tiembla casi como una mujer,
Como una mujer que te quiere
como nadie.
Y por la mañana abre sus ojos contigo