sábado, 25 de marzo de 2023

"Decálogo del capitalismo y una película de bandidos", por Óscar de Caso. "Las limosnas del Gobierno destrozan a la mayoría de quienes llegan a depender de ellas".

       George Gilder, (EE. UU. 1939) considerado por unanimidad mentor del capitalismo contemporáneo a causa de su libro titulado “Riqueza y poder” editado en 1981, cuyo contenido a modo de Vademécum ha marcado las directrices a tomar por aquellos cuya ambición sea considerarse un capitalista con pedigrí.

          Las ideas contenidas en ese libro han sido el manantial de inspiración del neoliberalismo que atormenta al planeta y a los seres vivos que habitamos en él. A dicho best-seller se le ha considerado: “lo mejor que se ha escrito en materia de crecimiento económico”; o lo que viene a ser: el decálogo de las tesis de la Revolución conservadora (que oxímoron más terrible).

          Les transcribo, a continuación, dichos mandamientos:

          1.- La mentalidad distribucionista ataca al corazón mismo del capitalismo. Su efecto profundo es cambiar la regla de oro del capitalismo (la prosperidad de los demás acaba con la prosperidad propia), pervertir la relación natural entre ricos y pobres al presentar al sistema como un juego de suma cero en el que lo que gana uno lo pierde el otro.

          2.- Los capitalistas son personas deseosas de comprender y actuar, de dominar algo y transformarlo, de resolver rompecabezas y aprovechar la solución, de descifrar un sector que le rodea y aplicar sus resultados al bien común. Los capitalistas son inventores y exploradores, promotores y solventadores de problemas. Se toman trabajos infinitos y actúan con rapidez cuando llega el momento.

          3.- Hay que permitir a los empresarios que retraigan riqueza por la razón práctica de que sólo ellos, colectivamente, pueden saber, dónde debe ir esa riqueza.

          4.- En la medida que el capitalista se alía con el Gobierno o utiliza otros métodos de fuerza en su afán de predeterminar los resultados pasa a ser “simplemente otro tipo de socialista, a veces llamado fascista, en vez de un inversor que hace sus contribuciones con la esperanza de que otros las encontrarán deseables y trabajarán con ahínco para conseguirlo”.

          5.- Nadie puede desempeñar con igual eficiencia el papel de los ricos en la asunción de riesgos. Los beneficios del capitalismo siguen dependiendo de los capitalistas. En un capitalismo que funciona, los ricos tienen un toque anti-Midas que transforma la liquidez timorata y los ahorros sin empleo en fábricas y edificios de oficinas, que convierte el oro en bienes, puestos de trabajo y arte.

          6.- La auténtica pobreza es menos una cuestión de ingresos que de estado de ánimo. Las limosnas del Gobierno destrozan a la mayoría de quienes llegan a depender de ellas.

          7.- El único camino seguro para salir de la pobreza es el que pasa por el trabajo, la familia y la fe. Después del trabajo, el segundo principio de la movilidad ascendente es la conservación del matrimonio monógamo y la familia

   Lo que se necesita no son tantos mitos como creencias religiosas que, a pesar de su supuesta irracionalidad, son portadoras, en su profundidad simbólica, de la mayor fuerza de las verdades pragmáticas e históricas. Nada prevalecerá contra el hombre libre que tiene fe en el futuro y se compromete con él.

           8.- Los programas igualitarios son capaces de destruir familias y comunidades, llevándose en impuestos las ganancias de los que triunfan, y penalizando la ambición y la productividad, pero no fomentando la movilidad ascendente entre grupos carentes de una fuerte cultura comunitaria y familiar.

           9.- La asistencia social perjudica a quienes la reciben, desmoralizándolos y reduciéndolos a seres dependientes, adictivos, que pueden arruinar sus vidas. Incluso las familias más indigentes estarán mejor bajo un sistema de libre empresa e inversión que acogidas a un subsidio exclusivamente compasivo que no pide nada a cambio.

          10.- El Estado del Bienestar, esa actividad aseguradora de los sectores público y privado (desviar, difundir, igualar, ocultar, suavizar, evadir, relegar y colectivizar los riesgos y costes reales del cambio económico) insensibiliza la economía. 

El subsidio de empleo promueve el desempleo; el seguro de incapacidad fomenta la conversión de pequeños males en incapacidad temporal, y las incapacidades parciales en totales y permanentes; los cheques de la Seguridad Social pueden eliminar la preocupación por los viejos y acabar con los lazos entre generaciones…

          Una vez terminado de leer este decálogo de capitalismo rampante, háganse, benditos lectores, una introspección para tomar la decisión de que agrupación política tiene en su programa electoral algo muy parecido a lo que ha leído anteriormente. Si está de acuerdo con estos principios, concédales su voto. Si, por el contrario, discrepa de los mismos, es conveniente que vaya preparándose para resistir en el caso de que salgan victoriosos en las urnas.

          El escrito de hoy no finalizará con una poesía, como es habitual, lo haré con un diálogo de la película Asalto a Wall Street, estrenada en 2013, dirigida por Uwe Boll, donde desarrolla la historia de un perdedor de la globalización que se venga matando a tiros a todos los que considera causantes de su desgracia, el más malo de todos, el jefe de los especuladores, se sincera con la víctima con las siguientes palabras:

          "¿Sabes que en el mundo no hay nadie que tenga más de cien millones de dólares y haya hecho su fortuna honradamente? Fíjate en las fortunas familiares, los Vanderbilt, los Carnegie, los Getty, los Morgan, los Rockfeller… ¿Cómo crees que hicieron fortuna? Se apropiaron de territorios, patentes y negocios, mataron a los nativos, importaron a los esclavos y vendieron armas al norte y al sur durante la guerra civil. Y controlaron a los políticos. 

Y son héroes, los héroes americanos. Enseñamos a nuestros hijos que ser honrados y trabajar mucho son las claves del éxito. Mis hijos no irán a ninguna guerra, estudiarán en Yale o en Harvard, y serán los idiotas, los estúpidos blancos de clase baja y los de los guetos negros quienes lucharán en las guerras americanas sin sentido. Protegerán al país y nuestros negocios, y será mi negocio el que crecerá y será más y más grande, tendrá más y más beneficios.

 Es la vieja historia. Los banqueros y los propietarios y los consejeros se enriquecen y la gente desgraciada compra las acciones y al final siempre pierde. La gente como tú. Es un sistema de libre comercio. Es el capitalismo. La competencia en una sociedad capitalista. Así es como la élite consigue quedarse por encima. El fuerte siempre sobrevive; el débil siempre muere. Me encanta competir. Da igual cómo gane. Lo importante es que he vencido".  

Jorge Antonio Cafrune Herrera, popularmente conocido como el Turco Cafrune, fue un cantante folclórico y músico argentino. También fue investigador, recopilador y difusor de la cultura nativa de su país. Presten atención a la letra.










 

3 comentarios:

  1. La exageración como método cuando resulta que el asunto económico es el equilibrio entre la tira de factores.
    Yo propongo, a los benditos y pacientes lectores de esa serie de principios que se nos enumeran. gran modelo mafioso, que cambien el sujeto propuesto en el artículo de los perversos neoliberales por comunistas, populistas o conductores del pueblo (que igual resultan fascistas)
    Igual cuadran mejor esos mandamientos.

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    1. Efectivamente Sr. Bruno no se distingue si cambias el sujeto por el signo opuesto

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  2. Muchos banqueros no son santos, ni mucho menos. Muchos especuladores tramposos. En general todos aquellos que manipulan la transferencia del mercado.
    A todo ello hay que tener en cuenta la gran expansión de la oferta monetaria, créditos y demás títulos financieros, cuando se bajan los tipos de interés por debajo de lo razonable a fin de mantener la oferta de los estados con unas inversiones improductivas. Todo eso se paga tarde, pero se paga.
    Ya lo dicen: La oferta monetaria debe de ser el velo correlacionado con la economía real que es la que existe.
    Seguro que el sr. del caso nos trae un bonito artículo sobre el encaje bancario y sus desmadres.

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